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Esta es la historia de cómo nuestro primer paso
fuera de los Estados Unidos cambió nuestras vidas.
Adopcion
En diciembre de 1998, nació en la mitad del mundo
una niña de nombre Yelizaveta (“Liza”); nuestras vidas pronto
cambiarían...

Izq. - der.:
Jennifer (escribiendo), Heather, Glenda, Emma-Liza, Carl
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Durante todo ese año, Dios había estado de
este lado del océano para sembrar la idea de la adopción en todos nuestros
corazones, con el fin de completar nuestra familia. Durante varios años habíamos
estado atentos a las grandes necesidades existentes en Rusia y se había
despertado en nosotros un amor especial hacia esa parte del mundo, por lo que
ese país fue una elección natural para nosotros. Nuestros padres comenzaron a
tramitar la documentación en enero de 1999 y, el 28 de agosto de 1999,
finalmente, llegó el tan esperado viaje. Mi padre convenció a mi madre de que
Heather (en ese momento de 14 años) y yo (17) les acompañáramos. Nuestra hermana
Sarah (11) se iba a quedar con la abuela. Este era el primer viaje internacional
que hacíamos y no sabíamos qué esperar. |
Si bien todo marchó sobre ruedas y no hubo problemas, todos tuvimos
la sensación de estar viviendo una gran aventura, ya que pasamos el
mejor momento de nuestra vidas al explorar Rusia, y atravesar el muy
emotivo y emocionante proceso de conocer a nuestra nueva hermana
(hija para mis padres) de 8 meses y medio de edad. Sin duda, todos
podemos decir que adoptar a “Emma-Liza” fue lo mejor que le sucedió
a nuestra familia. Esto no quiere decir que no haya habido momentos
tensos durante todo el proceso plagado de incertidumbres: la tensión
cuando Emma lloraba y no sabíamos qué era lo que quería... lágrimas
derramadas por lo que vimos en un país ex comunista. Todo esto causó
un profundo impacto en la familia, y sabíamos que nunca volveríamos
a ser los mismos. ¡Y todos sabíamos que regresaríamos!
Viajes
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Gracias a la bondad de muchos
amigos que rápidamente me brindaron su apoyo, dos meses más tarde estaba
nuevamente a bordo de un avión con destino a Rusia. Esta vez, viajaba con un
equipo de entusiasmados estadounidenses, y todos llevábamos maletas llenas
de suministros de auxilio, juguetes, Biblias y tratados. Pasamos nueves días
muy atareados en Rusia, durante los cuales visitamos diez orfanatos en la
región de Kostromá. Mis ojos se abrieron nuevamente ante el sufrimiento de
los niños sin familia en Rusia. Después de un viaje demasiado corto
(¡expliqué que volvía a casa solamente por Emma!), regresé a casa TOTALMENTE
enamorada de Rusia y su gente, y había tomado la decisión de aprender su
hermoso idioma. Dios nos acercó a Heather y a mí un maravilloso tutor de
ruso, y cuando volvimos a viajar a Rusia, pudimos comunicarnos con los
niños, por lo menos, en un nivel básico.
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¡Emma siempre ha
tenido un brillo en sus ojos! Aquí se la ve diez días después de traerla a casa
en septiembre de 1999. |

Heather y
Jennifer, Plaza Roja, Moscú, junio del 2000 |
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Nosotras (generalmente, Heather y yo) nos
arreglamos de una forma u otra para volver a Kostromá con un equipo durante los
siguientes años, siempre para trabajar con los niños de alguna manera. Ahora
tenemos muchos amigos allí a los que podemos visitar y siempre nos podemos
quedar con alguien en casi cualquier momento. Con frecuencia viajamos con
Children's HopeChest, y nuestra iglesia ahora patrocina a muchos de los niños
del orfanato Volzhskiy en Kostromá. Nuestro apoyo mensual permite obtener
alimentos adicionales para los niños en desarrollo, atención médica y
suministros escolares, además de facilitar las visitas semanales de un maestro
cristiano. Dema juega con los niños, les enseña la Biblia y les da clases sobre
el desarrollo de la personalidad, además de alentarles a que les escriban a sus
patrocinadores. También traduce toda la correspondencia.
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Nuevos Territorios
Los últimos viajes a Rusia me hicieron desear
conocer otras partes del mundo “solo para tener algún punto de
comparación”. Mis padres me brindaron todo su apoyo para cumplir
este deseo y pensaron que podía encontrar otro lugar en el mundo al
que podría llamar “casa”. Realicé viajes cortos a México, China y
Mongolia. En todos estos países trabajé con niños que generalmente
vivían en orfanatos. Luego, viajé a Bolivia para trabajar como
voluntaria en Hospitals of Hope (Hospitales de esperanza), una nueva
organización sobre la que me enteré al leer el excelente libro
denominado His Chosen Bride, Applying Proverbs 31 as a Single
Young Woman (La novia elegida: cómo aplicar el pasaje de
Proverbios 31 como una mujer joven soltera) de Jennifer Lamp. Me
interesó su trabajo, dado que sabía muy poco sobre Bolivia, o
incluso sobre el continente sudamericano, y porque también había
disfrutado mucho cuando trabajé como voluntaria durante más de cinco
años en un hospital local.
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El factor decisivo fue cuando descubrí
que no solo podía ver de cerca un ministerio médico como voluntaria no
médica, sino que también podía visitar orfanatos con los que la organización
mantenía relaciones. Después de compartir estos hallazgos con mi familia, me
alentaron a que fuera con uno de sus equipos dedicados a misiones a corto
plazo. Tardé más de un año, pero finalmente pude viajar, pese a que un amigo
estudiante de medicina que planeaba venir tuvo que cancelar sus planes a
último momento. Mi padre me acompañó los primeros días. Los dos nos fuimos
introduciendo gradualmente en la cultura relajada y el clima perfecto del
país, e hicimos amistad rápidamente con los atentos bolivianos. Las
condiciones que vimos en el único hogar para bebés de Cochabamba fueron
suficientes para que nuestros corazones sintieran el compromiso de ayudar a
estos niños. La actitud relajada respecto de los extranjeros y el grado en
el que nos dejaron participar en sus vidas e, incluso, ayudar en el
orfanato, fue una actitud estimulante después de la desconfianza tan común
que imperaba en Rusia. |
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Nuestra primera
visita a la Clínica de Hospitales de Esperanza en Vinto, Bolivia, en agosto del
2002 |
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Después de una triste despedida, regresé a casa,
pero para estudiar español y ¡compartir las noticias de este lugar
con mis amigos! Dado que planeábamos pasar tiempo en Rusia durante
el invierno en familia, lo más pronto que iba a poder regresar a
Bolivia era en marzo del 2003. Dios continuó colocando todas las
piezas del rompecabezas en su lugar y, gracias a una serie increíble
de acontecimientos y más altibajos de los que jamás habríamos
imaginado cuando comenzamos, mi familia y yo fundamos, y ahora
dirigimos los Hogares de Niños Casa de Amor. En julio del 2004 me
mudé a Cochabamba, y mi familia (mis padres y mis tres hermanas) se
mudó en mayo del 2007. Para conocer un poco más sobre el tema, vea
la visión de Casa de Amor.

Emma a los 7 años y
medio con niñas de Casa de Amor II

Jennifer con un
recién llegado en Casa de Amor I
“Que nadie
menosprecie tu juventud: por el contrario, trata de ser un modelo
para los que creen en la palabra, en la conducta, en el amor, en el
espíritu, en la fe, en la pureza”. 1.a Timoteo, 4:12
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